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Doña LUCY FERnandez XI”

 “Doña LUCY FERnandez XI” (El pata de chucho) Dicen que dicen, por decir, que, que madre vino a parir a este bueno para nada, que desde la alborada, no está en nada. Doña Lucy si que tenía muchos pretendientes y esa rabia mezclada con envidia que le tenían algunas mujeres hasta los dientes, provocaban chismes gratuitos, distantes de la realidad. Habían pasado ya  casi tres años desde el fallecimiento del susodicho, que muchos decían murió por el capricho, de hacer el amor hasta que el tambor de su pecho dejó de sonar.   Más lo cierto era que apesarase las murmuraciones de la fariseas, doña Lucy no había conocido a otro hombre que no fuera su marido. Era muchos los que se le acercaban, pero ella sabía que lo que pretendían eran llevarla a la cama y eso si que no porque iba contra sus principios, pues hacer el amor no es un desahogo del placer, sino una expresión del alma. Miguel Alejandro, era de esos muchachos retraídos en su mundo, de esos que son enamorados pero poco af...

“Doña LUCY FERnandez X”

 “Doña LUCY FERnandez  X” (El piecitos) El piecitos, era de pie plano, de los que pisa parejo y ni de pendejo, se deja arrebatar a una dama, cuando quiere llevarla a la cama… Así le decían a Margarito Rubén el piecitos, pues aparte de tener pies planos, razón por la cual no había podido ingresar a la milicia, tenía los pies muy pequeños, en desproporción a su estatura. Desde que la vio(a doña Lucy) se prendió y más cuando sorprendió a los patojos, espiándola mientras se bañaba. Los mando a volar y se quedó allí como paloma en el palomar. Deseo ser el agua que recorría su piel o la toalla con la que se secaba. Desde ese día se obsesionó con ella, aunque la miraba lejana como una estrella. Y no dudaba en espantar a cualquiera que quisiera ocupar su lugar, según el, en el corazón de la dama. Siempre andaba ofreciéndose para hacerle un favor, pero doña Lucy sabía que hombres así no dan una flor, sin que después pidan el favor… Así era que doña Lucy a todos se los traía cortos, des...

“Mi traida II”

 “Mi traída II” Yo que decía, que casi odiaba a esa niña, que a cada rato me daba riña y hoy mr tiene embobado, Será que estoy enamorado? Se me presenta el dilema, de presentar a mi traida, la niña con la que nunca llegábamos a un acuerdo y según recuerdo, me causaba alergias. Si, la misma que me sacaba la lengua, la que me maldecía y decía que yo era como un trofeo, por chiquito y feo. Pero hoy es mi traida, no por que la mande a traer, sino porque la vida se burla de uno y le pone el corazón, justo en la que le causa comezón. Si, es mi traida la de la manita sudada, la que se pone alborotada, cuando nos damos besos de pescadito y me ha pedido que la presente como tal y no quisiera ver a mi mamá quitándose el delantal… Oxwell L’bu copyright 2025 #triada

“Doña LUCI FERnandez IX”

 “Doña LUCI FERnandez IX” (Tito Franelas) En aquel barrio, cada calle tenía un nombre y detrás del mismo, todo una historia, que como un manantial de agua mineral recorría la misma. Tito Franelas, aunque no vivía en los linderos, de la casa de doña Lucí, se sentía atraído a la misma como un alfiler a un imán. Así que se empezó a contar como parte, de los de la cuadra. Le gustaba la música y aunque no era un gran bailarín le hacía la lucha. Fue él, quien venía a la cuadra  con su radio grabadora portátil y a falta de presupuesto, se desvelaba todas las noche, para poder grabar en un cassette, las canciones, qué ponía a todo volumen para que doña Lucí las escuchara dentro de su propia casa. En cada canción volcaba el corazón cuando las cantaba y esperaba, a que la dama en cuestión comprendiera el amor que le profesaba. Tito Franelas, era como un gato sin dueño y quien le bastaba un leño, para encender la hoguera, era de esos muchachos enamorados, que se ilusionan, sin que la dam...

“Doña LUCY FERnandez VIII”

 “Doña LUCY FERnandez VIII” (El Guayavita) Al pasar por las calles, doña Lucy provocaba que las pupilas de quienes la miraban, se transformaran en alfiles, que seguían el imán de sus encantos… Eduardo Luis Solís, para sus amigos el Guayavita, había dejado tras de sí a una flor marchita, a su madre que siempre lo esperaba. El que era el alma del barrio, aunque no era el más guapo, pero tenía ese encanto de caer bien, de saber escuchar y empatizar con los demás. Pero un día sin previo aviso, se marchó, sin que nadie supiera el porqué o a donde se fue. Se fue siendo un adolescente demente y ahora regresaba hecho un hombre joven, curtido por los golpes de la vida, pero sin haber perdido esa jovialidad. Regreso una noche cualquier al barrio, cuando nadie lo esperaba. Entro a la cuadra y aquello fue una fiesta y al entrar a su casa aquella flor marchita, volvió a florecer… De casa en casa se corrió la voz, de que había regresado el Guayaba y en poco tiempo, su casa estaba colmada de invi...

“Doña LUCY FERnandez VII”

 “Doña LUCY FERnandez” (Capítulo VII: Trapitos al sol) Ella no necesita, que nadie le saque sus trapitos al sol, ellas los tiende, como quien exhibe un trofeo en una vitrina… Ahora que doña Lucy, había cambiados del luto riguroso, al rojo glamoroso, las murmuraciones no se hicieron de esperar. Las farisas murmuraban entre ella, en sus reuniones de caridad, cuando en verdad eran reuniones de chismorreos, que por fin le habían salido los cuernos a esa carita de monja, que el rojo era el color del demonio, el que despierta las pasiones más obscuras y calenturas. Los hombres por el contrario se deleitaban la vista, viéndola pasar como un Ferrari por la autopista… Los patojos seguían espiándola por la rendija, cuando se bañaba con el agua calentada por el sol y luego dejaba sus trapitos colgando. Ah! Si ella supiera lo que sus trapitos colgados provocan, como esas eyaculaciones precoces, en los patojos, cuando se masturban. Ella los colgaba con tal discreción, pero causaban total conmoc...

“Doña LUCY FERnandez VI”

 “Doña LUCY FERnandez” (Capítulo VI: A la de rojo) Después de haber guardado un riguroso luto, por más del tiempo prescrito, doña Lucy un día decidió no solo cambiar su vestimenta, sino también de actitud… Harta de escuchar las murmuraciones de la gente; de las envidias de las puritanas que siempre están con ganas y de los hombres, que con sus ademanes de machos, terminan borrachos y puros mamarachos.  Salió de su habitación con pleno permiso de su conciencia, al encuentro con la vida, que se puede dar, en una calle en una avenida. Los hombres no dejaban de mirarla y desearla, casados y solteros todos querían participar del matadero;no pocas mujeres la miraban con desprecio, por el aprecio que le daban a la belleza, belleza que no poseían y que a veces es esquiva. Los patojos con las hormonas alborotadas, experimentando erecciones, que de involuntarias pasaban a ser necesarias, la miraban con la franqueza de la inocencia que aún no perdían; no faltaba alguna pervertida por la ...